La estampa estival cambia en las Comunidades de Propietarios: balcones, áticos y terrazas se llenan de tumbonas, toldos y, cada vez con mayor frecuencia, de piscinas hinchables, portátiles o desmontables. Se trata de una alternativa cómoda y económica para disfrutar del buen tiempo, especialmente cuando hay niños. Sin embargo, antes de llenar la piscina y ponerse a chapotear, conviene hacerse una importante pregunta: ¿es realmente seguro tener piscinas en terrazas?
Lo que parece una solución sencilla para estos días de calor sofocante, esconde diversos riesgos. El peso del agua, la resistencia de la estructura del edificio, los daños a terceros o los problemas de convivencia en las Comunidades de Propietarios son algunos de los aspectos que conviene tener en cuenta. En tu terraza privativa puedes instalar una piscina portátil pequeña tipo “para patitos” sin temor a consecuencias mayores. Cualquier instalación que supere este criterio precisa autorización, consulta técnica y aseguradora.
Según se aproxima el verano aumentan las consultas relacionadas con la instalación de piscinas en viviendas particulares. Arquitectos, Administradores de Fincas y Expertos en Seguros coincidimos en una misma recomendación: antes de instalar una piscina, especialmente en terrazas o balcones privados, es imprescindible comprobar que la estructura puede soportar el peso añadido y conocer las responsabilidades que pueden derivarse de su uso.
Además, cuando hablamos de piscinas no solo debemos pensar en los posibles daños materiales. Los accidentes ocurren en cuestión de segundos y pueden provocar desde pequeñas incidencias hasta verdaderas tragedias. Por eso, además de adoptar medidas de prevención, es importante conocer qué trascendental papel desempeñan los seguros para proteger tanto nuestro patrimonio como a las personas que nos rodean.
¿Son seguras las piscinas en terrazas o balcones?
Vamos a ver las consecuencias de añadir una sobrecarga a un elemento constructivo.
Como referencia, el Código Técnico de la Edificación (CTE) establece unas sobrecargas de uso para las estructuras de los edificios que, en muchas terrazas de viviendas, rondan los 200 kg/m², aunque este valor puede variar en función del tipo de construcción, el uso previsto y la normativa vigente en el momento en que se proyectó el edificio.
La explicación es sencilla: un litro de agua pesa un kilogramo. Esto significa que una lámina de agua de apenas 20 centímetros de profundidad ya supone una carga aproximada de 200 kg/m², sin contar el peso de la propia piscina, las personas que se encuentran dentro o el mobiliario situado alrededor. Si la piscina alcanza 50 centímetros o un metro de profundidad, el sobrepeso puede alcanzar hasta 500 o incluso 1.000 kg/m², muy por encima de las cargas habituales para las que se diseñan las terrazas y balcones residenciales.
Posibles riesgos de las piscinas en terrazas o balcones
Cuando una estructura soporta una carga superior a la prevista pueden producirse diferentes incidencias repentinas o graduales, cuya gravedad dependerá del diseño de la edificación y de sus características:
- Aparición de fisuras y daños en los elementos estructurales.
- Deterioro de la impermeabilización de la terraza.
- Daños por agua: filtraciones, humedades y desperfectos en las viviendas inferiores.
- En situaciones extremas, y especialmente si existen patologías previas o deficiencias constructivas, riesgo de fallo estructural o colapso parcial.
¿Hace falta permiso para poner una piscina en la terraza?
Además de la seguridad estructural, conviene revisar las normas de régimen interno de la Comunidad de Propietarios. Si la terraza constituye un elemento común de uso privativo o la instalación de la piscina puede afectar a elementos comunes del edificio, es necesario consultar previamente con la comunidad y, cuando existan dudas sobre la capacidad de carga, solicitar la valoración de un arquitecto u otro técnico competente.
Instalar una piscina sin comprobar previamente estos aspectos puede acarrear daños materiales, reclamaciones por responsabilidad civil e incluso en la obligación de asumir los daños en los elementos comunes si se puede probar que la instalación fue negligente.
En estos casos, contar con un seguro de hogar multirriesgo que incluya coberturas de responsabilidad civil y Defensa Jurídica puede resultar de gran ayuda, aunque siempre dependerá de las circunstancias del siniestro y de las condiciones de la póliza. Desviarse a sabiendas de la ley es una exclusión habitual, de ahí nuestro consejo de utilizar las condiciones particulares y especiales para poner en conocimiento de la aseguradora tal circunstancia y obtener su aceptación. Conocer exactamente qué coberturas tenemos contratadas y cuáles son sus limitaciones da más valor al seguro.
Los riesgos más importantes de las piscinas en terrazas son los daños materiales y los personales
Los daños estructurales o las reclamaciones por responsabilidad civil pueden tener un importante impacto económico de largo recorrido, porque en el uso de piscinas la integridad física de las personas es el núcleo esencial del riesgo.
Además de en las piscinas, cada verano se producen numerosos accidentes en entornos acuáticos que, en muchos casos, podrían haberse evitado mediante una adecuada supervisión, el cumplimiento de las normas de seguridad y el correcto mantenimiento de las instalaciones. Las personas menores y mayores son la población más vulnerable, pero los adultos con autonomía tampoco estamos exentos de sufrir caídas, golpes, traumatismos o episodios de ahogamiento.
Los accidentes acuáticos no se producen únicamente en el mar y las playas. También son frecuentes en otros entornos de ocio acuático, como, por ejemplo:
- Piscinas comunitarias, públicas o privadas. La ausencia de vigilancia, los resbalones o el acceso impetuoso a la piscina son algunos de los factores de riesgo más habituales.
- Ríos. Las “pozas” y corrientes, los objetos cortantes depositados en la profundidad, los remolinos o los obstáculos poco visibles convierten a los ríos en uno de los espacios naturales con mayor riesgo para el baño. El golpe contra el fondo al lanzarse de cabeza es causa de ciertos traumatismos.
- Lagos y embalses. Aunque su superficie parezca tranquila, pueden existir diferencias importantes de temperatura entre distintas capas de agua, vegetación sumergida o fondos irregulares que dificulten la salida del bañista y aumenten el riesgo de ahogamiento.
La mejor protección sigue siendo la prudencia y la prevención: respetar las normas de seguridad, evitar zonas de baño no autorizadas, no lanzarse al agua sin conocer el fondo y mantener siempre una vigilancia activa de los menores.
Cuando las normas de prevención no son suficientes: el impacto económico de un accidente grave
Basta un descuido de unos segundos, un resbalón o una circunstancia imprevista para que una jornada de ocio en una piscina, un lago o un río se transforme en una auténtica tragedia. Hablamos de familias rotas por el dolor de una pérdida tan inesperada como devastadora, una ausencia capaz de alterar por completo la estabilidad de un hogar.
Además, a ese inmenso impacto emocional se suman, de forma casi inmediata, una serie de gestiones y gastos imprevistos que agravan todavía más una situación ya de por sí extremadamente difícil:
- Gastos funerarios, de sepelio y, cuando sea necesario, de traslado o repatriación.
- Costes derivados de procedimientos judiciales para determinar posibles responsabilidades. Asuntos lentos y caros.
- Gastos médicos, rehabilitación y tratamientos especializados en caso de supervivencia con secuelas.
- Adaptación de la vivienda o necesidad de asistencia continuada cuando el accidente provoca una invalidez temporal o permanente.
- Pérdida de ingresos si la persona accidentada o fallecida era uno de los principales sustentos económicos de la familia.
Por ejemplo, Javier vio truncada su carrera profesional por el largo período de recuperación que necesitó tras el accidente en la playa. La falta prolongada de oxígeno (hipoxia) puede ocasionar lesiones neurológicas permanentes que requieren atención médica, rehabilitación y cuidados de larga duración, con el consiguiente impacto económico para toda la unidad familiar.
La protección no debe limitarse a la prevención
Por todos estos terribles motivos, la protección no debe limitarse únicamente a la prevención, sino extenderse al amparo asegurador. Contar con un seguro de accidentes permite disponer de un respaldo económico cuando un siniestro ocasiona una invalidez permanente o el fallecimiento del asegurado. Del mismo modo, un seguro de vida riesgo garantiza la estabilidad financiera del núcleo familiar cuando desaparece la persona que aporta los principales ingresos del hogar.
Ambas soluciones complementan las medidas de prevención y contribuyen a afrontar con mayor seguridad las consecuencias económicas de un accidente grave.
Seguro de accidentes o seguro de vida: ¿en qué se diferencian?
Resulta habitual pensar que un seguro de accidentes y un seguro de vida ofrecen la misma protección, pero lo cierto es que responden a necesidades distintas y, en muchos casos, son complementarios.
El seguro de accidentes actúa cuando el asegurado sufre un accidente que provoca una incapacidad temporal o permanente, o incluso el fallecimiento. La madre y abuela de Rubén fallecieron simultáneamente al intentar rescatarle del agua en una zona aparentemente tranquila, transcurridos dos años, la persona que le tutela administra la suma asegurada que le permite seguir su formación.
El seguro de vida, en cambio, ofrece protección económica a los beneficiarios cuando se produce el fallecimiento del asegurado por cualquier causa cubierta en el contrato y en cualquier lugar del mundo. Además, muchas pólizas también incluyen garantías frente a la invalidez permanente o enfermedades graves. Nuestro cliente Cayo falleció ahogado en Costa Rica cuando practicaba remo durante sus vacaciones. Su cónyuge y dos hijos intentan superar el trauma emocional con el apoyo de su póliza de seguros.
En otras palabras, el seguro no suple a la prudencia, pero ayuda a superar las empinadas cuestas económicas de un hecho accidental, cuando falta la persona que sostiene la economía de un hogar o contribuye como pareja.
Los casos citados anteriormente los vivimos muy de cerca, pero el más extraño le ocurrió a Paloma cuando resbaló al entrar a la piscina con su niña en brazos, con tal mala fortuna que se golpeó contra la valla protectora causándole una discapacidad de la que poco a poco intenta recuperarse utilizando las prestaciones de su seguro.
La importancia de contar con el asesoramiento de una correduría de seguros
Elegir un seguro nunca debería consistir únicamente en comparar precios. Más importante que el precio de una póliza es conocer qué coberturas incluye, qué situaciones quedan excluidas y si el capital asegurado será suficiente para hacer frente a un imprevisto. Un seguro nunca es caro: si tienes que utilizarlo habrás pagado mucho menos de lo que recibirás, en caso de no utilizarlo tu tranquilidad no tiene precio.
Cada persona y cada familia tienen necesidades diferentes. Por eso, antes de contratar un seguro, resulta fundamental realizar un análisis personalizado de los riesgos y valorar cuál es la solución más adecuada.
En este proceso, una correduría de seguros aporta un valor diferencial: compara diversas opciones, explica con claridad las coberturas disponibles y recomienda la combinación que mejor se adapte a tus necesidades. En caso de siniestro, defenderá tus intereses frente a la aseguradora.
El verano está para disfrutarlo. Las piscinas, las escapadas a la playa o las excursiones a ríos y embalses forman parte de algunos de los mejores momentos del año, pero también conviene recordar que las medidas de prevención y protección son inexcusables.
Instalar una piscina de forma adecuada, respetar las normas de uso, mantener una vigilancia constante de los más pequeños y revisar las coberturas de nuestros seguros son acciones que pueden marcar una gran diferencia cuando ocurre un imprevisto.
En la Correduría de Seguros José Silva analizamos cada caso de forma personalizada para ayudarte a encontrar la protección que realmente necesitas, tanto para tus vacaciones, tu vivienda como para tus seres queridos. Porque la mejor manera de disfrutar del verano es hacerlo con la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, cuentas con el respaldo adecuado.